

🤔 “Con tanta etiqueta… no me siento capaz de acompañarle cuando aparece el tema de cómo vive su sexualidad.”
🤯 “No sé cómo ayudar cuando viene vestida de niña y ya es una mujer de 35 años.”
🤔 “¿Qué hago si me dice que quiere ser mi novio? No quiero hacerle daño.”
🤯 “Sabemos que se masturba y comparte habitación… ¿cómo gestiono su intimidad y la de su compañero?”
🤔 “Tengo dudas sobre si usa protección con su pareja, pero no quiero meterme en su vida.”
🤯 “Creo que hay personas que pueden aprovecharse de que no distingue bien el consentimiento.”
🤔 “Me pregunta si yo utilizo juguetes sexuales… me siento invadida, y además, ¿le abro yo esta posibilidad?”
Estas, y muchas otras, son dudas que aparecen con frecuencia cuando comparto espacios con personas de referencia que acompañan a personas con discapacidad.
Son profesionales comprometidos, implicados, que viven su rol con enorme responsabilidad y entrega. Y, precisamente por eso, sienten una gran carga emocional cuando no saben cómo actuar ante situaciones relacionadas con la afectividad, la intimidad y la sexualidad.
A veces, la formación que han recibido en educación afectivo-sexual suele ser escasa o poco ajustada a la realidad cotidiana ya que no contempla los déficits en cognición social, ni la diversidad funcional, ni la enorme diversidad humana que existe en la manera de sentir, desear y vincularse. 🙄
Por eso, agradecen contar con pautas claras, éticas y realistas, que les ayuden a acompañar sin invadir, a proteger sin anular y a sostener sin culpabilidad.
Es una responsabilidad y, al mismo tiempo, un privilegio poder acompañarles en este proceso hacia una atención que incluya todas las dimensiones del ser humano, cada una con sus posibilidades y límites.
Este mes quiero agradecer especialmente al equipazo de AYGAsistencial por su colaboración, apertura y compromiso durante estas acciones formativas.
Y … ¡Seguimos! 😉