

La inclusión de personas con discapacidad no se construye solo desde los recursos o los servicios.
Se construye desde la reflexión, la revisión profesional y la capacidad de cuestionar cómo estamos acompañando.
La semana pasada participé en las II Jornadas de Usoagune, un espacio que nos acerca a una sociedad más inclusiva y ajustada a la realidad de las personas.
Este tipo de encuentros no solo aportan conocimiento.
Invitan a detenernos.
En el ámbito sociosanitario, la intervención suele estar marcada por el hacer.
Sin embargo, parar y reflexionar es imprescindible.
Es en ese espacio donde podemos hacernos preguntas clave:
La inclusión no depende únicamente de los recursos disponibles.
Depende de cómo miramos, interpretamos y acompañamos.
Cuando hablamos de intervención en discapacidad, con frecuencia se priorizan áreas como:
Sin embargo, hay dimensiones igual de importantes que siguen quedando en segundo plano.
Una de ellas es la sexualidad.
👉 Y esto tiene un impacto directo en el bienestar, la identidad y la calidad de vida de las personas.
Porque acompañar no es solo estar.
Acompañar implica generar contextos donde todas las dimensiones de la persona puedan tener su lugar.
Durante las II Jornadas de Usoagune centradas en “Ocio, autonomía y nuevas realidades en discapacidad”, se volvió a poner de manifiesto la importancia de generar espacios donde reflexionar sobre cómo estamos acompañando y qué dimensiones seguimos dejando fuera en la intervención.
Este tipo de jornadas refuerzan algo esencial:
El papel que desempeñamos quienes acompañamos a personas en situación de mayor vulnerabilidad.
Nuestra intervención no es neutra.
Influye en:
Trabajar desde una mirada inclusiva implica revisar constantemente nuestras propias creencias, límites y formas de intervenir.
Durante mucho tiempo, la sexualidad ha sido una de las dimensiones más invisibilizadas en el ámbito de la discapacidad.
Sin embargo, forma parte de la identidad, del bienestar emocional y de la manera en la que las personas se relacionan consigo mismas y con los demás.
Integrarla no es un añadido.
Es una parte esencial de una intervención completa y ajustada.
👉 Porque no abordar esta dimensión no hace que desaparezca.
Hace que se exprese sin comprensión, sin acompañamiento y, en muchos casos, sin protección.
Espacios como las II Jornadas de Usoagune nos acercan a una sociedad más consciente, más inclusiva y más respetuosa con la diversidad.
Nos recuerdan que la inclusión no es solo una idea.
Es una práctica diaria.
Una forma de intervenir.
Una forma de mirar.
Esta necesidad de ampliar la mirada no se limita únicamente a la sexualidad, sino que forma parte de un enfoque más amplio en la intervención. Como abordamos también en relación con la intimidad en el ámbito sociosanitario, garantizar espacios donde la persona pueda decidir, expresarse y sentirse respetada es clave para su bienestar psicológico y su calidad de vida. Integrar estas dimensiones no es añadir contenido, sino mejorar la calidad del acompañamiento.
Acompañar implica ampliar la mirada.
Implica reconocer que cada persona es mucho más que aquello que tradicionalmente se ha trabajado desde la intervención.
Y supone integrar todas sus dimensiones, también aquellas que durante mucho tiempo han quedado fuera.
Seguimos avanzando hacia una mirada más inclusiva.
También en aquello que no siempre se ha nombrado.
Gracias a Usoagune por generar espacios que invitan a la reflexión y al cambio.
Y gracias a USOA Lantegia por la confianza en mi trabajo como profesional en el ámbito de la sexualidad y la discapacidad.